que su esposo había estado desviando fondos militares. No era una cantidad masiva. Ignacio era lo suficientemente inteligente para no robar sumas que llamarían atención inmediata, solo pequeñas cantidades aquí y allá, fondos destinados a mantenimiento de equipos que nunca se realizaba, salarios de soldados ficticios que existían solo en papel, materiales que supuestamente se
compraban pero que nunca llegaban. Durante años había estado filtrando dinero de las arcas militares para financiar sus lujos personales, el vino importado que tanto disfrutaba, las apuestas en las que perdía regularmente, los regalos