El Gato Gordo Que Llegó a Mi Puerta y Nos Devolvió la Vida

Pensé que después de aquello Paco ya no podía sorprenderme más. Me equivoqué, claro. Uno no adopta a un gato como Paco. Paco te admite en su agenda y luego reorganiza tu vida sin pedir permiso.

La primera semana viviendo oficialmente entre mi piso y el de la señora Beltrán fue tranquila.

O todo lo tranquila que puede ser una casa con un gato gordo que se comporta como encargado de finca.

Paco tenía horarios.

A las ocho de la mañana se sentaba frente a mi puerta.

A las cuatro