Mi madre había imaginado que el dinero me cambiaría.
Mi padre temía que lo rechazara.
Yo sólo quería entender mi propia vida antes de tomar decisiones.
Guardé la llave de la caja metálica en mi llavero.
No como símbolo de riqueza.
Como recordatorio.
Había pasado diecinueve años viviendo dentro de una versión incompleta de mí misma.
Ahora, por primera vez, yo podía decidir qué hacer con la información.
No mis padres.
No Ana.
Yo.
Meses después regresé a la casa abandonada.
Esta vez fui sola.
La puerta ya no estaba