cerrada con llave.
Mi padre había cumplido su promesa.
No volvería a decidir por mí cuándo podía entrar o salir de aquella historia.
Entré a la habitación infantil.
Quité la sábana de la mecedora.
Abrí la ventana.
El aire movió ligeramente el viejo papel tapiz.
Sobre la cómoda dejé una fotografía nueva.
Mi graduación de preparatoria.
Mi padre estaba a un lado.
Mi madre al otro.
Yo en medio.
No reemplazaba las fotos de Ana.
No intentaba.
Sólo añadía otra parte.
Antes de irme, encontré la primera fotografía que había