visto aquella noche.
Ana embarazada.
La puse junto a la mía.
Dos mujeres.
Dos historias.
Una vida.
Después cerré la caja metálica.
Pero no la escondí.
La dejé sobre la cómoda.
Y me llevé conmigo la LLAVE.
Porque Ana había tenido razón en una sola cosa que tardó diecinueve años en cumplirse:
Mi vida tenía que pertenecerme.