—Tienes que mantenerte alejado de ella.
Parpadeé confundido.
—¿Por qué?
—No la conozco.
—Pero reconociste su nombre.
—No.
—Lo repetiste.
—Me sorprendió.
—¿Por qué?
Mamá se levantó y comenzó a recoger los recibos que ya había organizado.
—Algunas personas tienen dinero e influencia. Eso no significa que pertenezcan a nuestras vidas.
—No parecía que quisiera nada.
—Así es como empiezan los problemas a veces.
Nunca había oído tal miedo en su voz.
—¿Qué estás escondiendo?
Dejó de moverse.
—No estoy escondiendo nada.
—Entonces ¿por qué estás alterada?
—No estoy alterada.