MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

finalmente, cuando alguien preguntaba por mí en alguna recepción, él respondía:

—Evelyn se ocupa de algunas cosas de casa.

Nunca olvidé la primera vez que lo escuché.

Tampoco olvidé que aquella noche, cuando se lo reproché, me dijo:

—No seas tan sensible. Sabes que sin mí ese centro no existiría.

Lo peor no fue escucharlo.

Lo peor fue terminar creyéndolo.

Mi teléfono vibró.

Era Daniel.

—He hablado con los auditores —me informó—. Ryan está colaborando. Hay movimientos que necesitan una explicación urgente.

—¿Adrian puede impedir que revisemos las cuentas?

—No