Estaba al otro lado de la cama.
—Pero podrías pedirle a una enfermera…
Adrian cerró los ojos.
—Solo te he pedido un vaso de agua, Chloe.
Ella dejó el ramo sobre una silla.
Llenó el vaso con torpeza y se lo entregó.
—Últimamente estás muy irritable.
—Me han apuñalado.
—¡No fue culpa mía!
La respuesta salió demasiado deprisa.
Adrian abrió los ojos.
—No he dicho que lo fuera.
Chloe apretó los labios.
Hubo un silencio incómodo.
Entonces cambió de tema.
—Por cierto, me llamó un hombre de contabilidad. Dijo que