—Llevo tres días aquí.
—Lo sé, cariño.
—Tres días en los que ni siquiera has preguntado a las enfermeras cómo podían ayudarte.
Los ojos de Chloe comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Sabes que los hospitales me ponen nerviosa.
Adrian miró las flores.
Recordó el rostro de Evelyn en urgencias.
Su respuesta tranquila.
Su ausencia.
Y por primera vez sintió una molestia que no procedía de la herida.
—Tengo sed —dijo.
Chloe sonrió inmediatamente.
—Claro, amor. ¿Quieres que llame a alguien?
—Hay agua en esa jarra.
La joven miró la mesa.