MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

dueño.

Ryan dejó una carpeta sobre la mesa.

—Evelyn posee el sesenta por ciento de las participaciones. Tú tienes el veinticinco. El resto pertenece a dos socios minoritarios.

Adrian abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.

Por supuesto que conocía aquella distribución.

Lo que había olvidado era que Evelyn también la conocía.

Durante años había actuado como si el centro fuera exclusivamente suyo.

Las entrevistas, los premios, las fotografías en revistas médicas… Todo llevaba su nombre.

Evelyn nunca había protestado.

Y él había confundido su silencio con indiferencia.

—No