MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

—Tiene veintiséis años, Adrian. Es adulta.

—Tú siempre has sido más madura.

Aquella frase me hizo recordar todas las veces en que había renunciado a algo por ser «la madura».

La madura no discutía.

La madura comprendía que su marido estuviera ocupado.

La madura aceptaba que él olvidara su cumpleaños.

La madura sonreía cuando otra mujer aparecía demasiado cerca de su esposo.

—Adrian —pregunté despacio—, ¿alguna vez te has preguntado quién cuidaba de mí?

No respondió.

—Cuando murió mi madre, volviste al hospital después del funeral porque Chloe estaba nerviosa