MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

baja.

—Si te preocupa Chloe, puedo dejar de verla.

Cerré los ojos.

Seis meses antes, aquella promesa quizá me habría hecho llorar de alivio.

Ahora no significaba nada.

—Ya no se trata de ella.

—Entonces ¿de qué se trata?

—De que tú no quieres perder a tu esposa. Quieres recuperar a la mujer que resolvía todos tus problemas sin pedir nada a cambio.

—Eso es injusto.

—Puede ser. Pero mi decisión está tomada.

Antes de colgar, añadió:

—El centro lleva mi apellido, Evelyn. No vas a destruir todo lo que