Por un rasguño en el brazo de su antiguo amor, mi marido me atacó estando embarazada de gemelos; tres días después, una grabadora reveló quién había preparado toda la escena

intento de homicidio porque la evidencia no demostraba que hubiera querido dos ataques con cuchillo.

Eso importaba.

La justicia no debía exagerar para satisfacer mi dolor.

A la semana de hospitalización me trasladaron fuera de UCI.

Podía caminar pocos pasos.

Cada uno dolía.

También empezó otra parte que nadie ve en las historias rápidas.

La rehabilitación.

El miedo a bañarme sola.

El sobresalto cuando veía cuchillos.

El terror al escuchar llaves en una puerta.

Una noche una enfermera abrió una bandeja con cubiertos.

Vi un cuchillo de mesa.

Empecé a