Por un rasguño en el brazo de su antiguo amor, mi marido me atacó estando embarazada de gemelos; tres días después, una grabadora reveló quién había preparado toda la escena

del ataque.

—Era un aparato ridículo —había dicho Natalia, riéndose sin ganas—. Negro, barato y con una batería que duraba menos que mi paciencia. Pero terminó convirtiéndose en la testigo más importante de mi vida.

Maya le había preguntado si todavía lo conservaba.

Natalia negó con la cabeza.

—No. La policía se quedó con el original durante la investigación. Cuando todo terminó, autoricé que destruyeran la copia que quedaba en el archivo.

—¿Y nunca te arrepentiste?

Su tía había tardado en responder.

—No necesito conservar mi peor día para demostrar