hasta que falleció. Y allí pensaba quedarse mientras pudiera subir las escaleras por sí misma.
El problema comenzó 4 meses antes.
Álvaro y su esposa, Lucía, atravesaban una mala racha económica. Habían cerrado un negocio en Málaga y el alquiler de su piso se les había hecho imposible.
—Solo serán unas semanas, mamá —prometió Álvaro.
Carmen abrió la puerta sin poner condiciones.
Las semanas se convirtieron en meses.
Primero Lucía cambió las cortinas del salón porque, según ella, “hacían vieja la casa”. Después empezó a vaciar armarios, a mover los