detuvo.
—Papá se avergonzaría de ti.
Carmen recibió la frase como un golpe.
Durante unos segundos no reaccionó.
Después respondió:
—Tu padre jamás habría tirado nuestra fotografía a la basura.
Álvaro bajó la mirada.
Fue la última vez que hablaron durante meses.
Aquella noche Carmen regresó a su dormitorio.
Abrió armarios.
Revisó cajones.
Comprobó ventanas.
No podía quitarse de encima la sensación de que alguien había invadido no solo su casa, sino también sus recuerdos.
A la mañana siguiente cambió todas las cerraduras.
Esta vez por decisión propia.
Irene empezó