poco más de libertad.
—Entonces hay algo que todavía no ha conseguido quitarme.
—Sí. Y es importante que no lo entregues por miedo o por rabia.
Ethan empezó a llamarme aquella tarde.
Primero fueron tres llamadas.
Después llegaron mensajes.
Claire, tenemos que hablar.
Sé que estás dolida.
No puedes desaparecer a una semana de la boda.
No respondí.
A las siete, el teléfono volvió a vibrar.
Lily está llorando desde ayer. Le preocupa que quieras hacerle daño.
Leí el mensaje dos veces.
Después escribí:
No tengo ningún interés en hacerle