daño.
—¿Se lo contaste a mamá?
—Sí.
—¿Y qué te dijo?
Sophie tardó unos segundos.
—Que no fuera celosa.
Esa noche, cuando Claire llamó para hablar con nuestra hija, no intervine.
Me limité a colocar el teléfono sobre la mesa y salir unos pasos.
Sophie habló de Londres, de los autobuses y de un dinosaurio enorme que había visto en el museo.
Entonces preguntó:
—Mamá, ¿cuando vuelva vas a querer estar conmigo aunque Oliver esté en casa?
Desde donde me encontraba, escuché el silencio de Claire.
Después su respuesta.
—Sí,