cariño.
—¿Y si la abuela se enfada?
La voz de mi esposa se quebró.
—También.
Sophie sonrió.
—Vale. Entonces quiero enseñarte todos mis dibujos.
Cuando terminó la llamada, Claire me escribió.
«Creo que no conocía realmente a nuestra hija. O quizá hacía mucho que había dejado de escucharla».
No respondí enseguida.
Aquella era la primera vez que Claire hablaba del problema sin intentar justificar a su madre.
El regreso
Volvimos a casa diecisiete días después de nuestra partida.
Claire nos esperaba en el aeropuerto.
Sophie corrió hacia ella.
Mi esposa