—¿Y hoy nadie va a cambiar nuestros planes?
La observé en silencio.
Habíamos organizado la jornada alrededor de tres cosas que ella había elegido: desayunar cruasanes, visitar la Torre Eiffel y subir a un pequeño carrusel.
Era un itinerario sencillísimo.
Para Sophie, sin embargo, parecía un regalo extraordinario.
—Hoy mandas tú —respondí.
Durante los días siguientes recorrimos museos, parques y calles donde Sophie se detenía a fotografiar flores, perros y escaparates.
Visitamos la Torre Eiffel. Compramos un cuaderno para que dibujara nuestro viaje. Una tarde encontramos una pequeña tienda de