estómago.
—¿Ochocientos mil?
—Parte eran pérdidas de inversión. Otra parte, préstamos que pedí intentando recuperarme.
—¿Y tu solución era hipotecar mis edificios a escondidas?
—Solo necesitaba tiempo. Si conseguía cerrar una operación, habría devuelto todo antes de que te enteraras.
Me eché a reír.
No porque me pareciera gracioso.
Sino porque acababa de reconocer el mismo engaño que había utilizado con los labiales.
Primero hacía algo a escondidas.
Después aseguraba que no era importante.
Y finalmente esperaba que yo aceptara su explicación.
—¿Por eso te casaste conmigo?
Ethan abrió los