me creyera.
Si hubiera confiado en lo que estaba viendo, habría podido cerrar mis pertenencias, instalar la cámara y buscar ayuda sin poner en peligro a nadie.
En cambio, había permitido que la humillación se transformara en ira.
Y la ira me había llevado a cruzar un límite que jamás debí cruzar.
No podía cambiar aquello.
Pero sí podía decidir qué tipo de persona quería ser a partir de entonces.
Guardé la carta cuidadosamente.
Después fui al baño.
Abrí el cajón donde había colocado unos cuantos cosméticos nuevos.
Todos estaban