Contenía un único labial rojo, todavía sellado.
Durante un momento sonreí con tristeza.
Aquel objeto tan pequeño había sido el principio del derrumbe de mi matrimonio.
Pero el verdadero problema nunca había sido su precio.
Ni siquiera había sido únicamente que alguien lo utilizara sin permiso.
El verdadero problema era que, cuando dije la verdad, las personas en quienes más confiaba decidieron convertirla en una mentira.
Y yo, desesperada por demostrar que tenía razón, terminé haciendo algo de lo que también tendría que arrepentirme.
Dejé el estuche sobre el tocador.