hospital cuando ya estaba todo organizado.
Se me humedecieron los ojos.
Seis años.
Había pasado seis años agradeciendo al hombre equivocado.
—¿Por qué no me lo dijiste cuando lo descubriste?
—Porque Alexander me lo pidió. Dijo que, si alguna vez te enterabas, debía ser porque la verdad saliera a la luz, no porque él quisiera utilizarla para conquistarte. Pero después de lo ocurrido hoy, ya no pienso seguir guardando silencio.
Colgué con una mezcla de vergüenza y rabia.
No contra Alexander.
Contra Daniel, que había convertido mi gratitud en una