casa y hablamos tranquilamente.
Lo miré sorprendida.
—¿No quieres casarte?
Alexander soltó una risa suave.
—Emily, llevo diez años queriendo casarme contigo. Por supuesto que quiero.
Se puso serio.
—Pero no quiero conseguirlo porque otro hombre te haya roto el corazón. No quiero que dentro de seis meses te despiertes a mi lado y sientas que cometiste un error.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Y si te digo que quiero intentarlo?
—Entonces te preguntaré si estás segura.
—¿Y si te digo que sí?
—Volveré a preguntártelo.
Me reí entre