EL DÍA QUE MI PROMETIDO SE CASÓ CON SU EX, LLAMÉ AL HOMBRE QUE LLEVABA DIEZ AÑOS ESPERÁNDOME

el aeropuerto.

Miré el ramo.

Eran rosas blancas y pequeñas flores silvestres.

—Son preciosas.

Alexander me observó con atención.

Sus ojos descendieron hasta mi vestido.

—Emily, ¿estás bien?

Aquella pregunta tan sencilla estuvo a punto de hacerme llorar.

Todo el día, Daniel me había exigido comprensión.

Sophie me había pedido que sonriera.

Incluso los desconocidos habían opinado sobre mi comportamiento.

Pero nadie se había preocupado por cómo me sentía.

Excepto Alexander.

—No demasiado —admití.

Él dejó la maleta a un lado.

—Entonces podemos olvidarnos de casarnos hoy. Te llevo a