EL DÍA QUE MI PROMETIDO SE CASÓ CON SU EX, LLAMÉ AL HOMBRE QUE LLEVABA DIEZ AÑOS ESPERÁNDOME

jamás podría hacerme daño deliberadamente.

Pero ahora aquella certeza empezaba a resquebrajarse.

Volví al correo electrónico.

Entre los mensajes de Alexander encontré uno enviado precisamente aquella semana.

«Emily, me alegra saber que tu padre está mejor. No tienes que agradecerme nada. Hay cosas que uno hace porque quiere que las personas importantes estén a salvo, incluso cuando no puede estar a su lado».

Noté que me faltaba el aire.

¿Había sido Alexander?

¿Y Daniel se había atribuido el mérito?

Estaba a punto de llamarlo cuando mi teléfono vibró.

Era un