recibió tratamientos, pero la recuperación fue mucho más lenta de lo esperado.
Su esposa, Karina, al principio lo acompañaba a las consultas. Después comenzó a quejarse del tiempo, del dinero y de todo lo que había cambiado.
Un especialista les explicó que parte de la rehabilitación necesaria se había retrasado y que recuperar la marcha sería difícil, aunque todavía podían trabajar para mejorar su movilidad e independencia.
Karina no quiso escuchar más.
—Me dijo que no pensaba desperdiciar su juventud cuidando a un hombre que quizá nunca volvería a caminar —