“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

recibió tratamientos, pero la recuperación fue mucho más lenta de lo esperado.

Su esposa, Karina, al principio lo acompañaba a las consultas. Después comenzó a quejarse del tiempo, del dinero y de todo lo que había cambiado.

Un especialista les explicó que parte de la rehabilitación necesaria se había retrasado y que recuperar la marcha sería difícil, aunque todavía podían trabajar para mejorar su movilidad e independencia.

Karina no quiso escuchar más.

—Me dijo que no pensaba desperdiciar su juventud cuidando a un hombre que quizá nunca volvería a caminar —