cena, Víctor frunció el ceño.
—No necesito que me tengas lástima.
Coloqué la bandeja sobre su mesa.
—Qué bueno, porque yo tampoco necesito que me tengan lástima. Mi marido me acaba de echar de mi casa, estoy asustada y no conozco a nadie aquí. Solo pensé que sería menos triste cenar acompañados.
Por primera vez lo vi sonreír.
Cenamos juntos.
Después me contó su historia.
Dos años antes había sufrido un accidente automovilístico. Una lesión en la columna y complicaciones posteriores lo dejaron sin poder mover las piernas.
Durante meses