me había despedido:
“Te compré media casa para que no digas que te dejé en la calle”.
Qué equivocado estaba.
Porque aquella media casa terminó siendo el primer lugar donde verdaderamente me sentí en mi hogar.
Y si algo aprendí de todo lo que vivimos, es que una persona no vale menos por necesitar ayuda, ni vale más por tener dinero, salud o poder sobre los demás.
A veces, quienes parecen tenerlo todo son incapaces de amar.
Y otras veces, quienes creen haberlo perdido todo todavía tienen una vida entera