“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

alguien utilice mis debilidades para humillarme.

Cuando regresamos a casa aquella tarde, encontramos el limonero cargado de frutos.

Víctor me pidió que acercara su silla a la mesa del jardín.

Nos quedamos contemplando el atardecer mientras hablábamos de nombres para nuestro bebé.

—Si es niña, me gusta Valentina —dijo.

—¿Y si es niño?

—Daniel. Pero quiero que tú también elijas.

Me reí.

—Entonces tendremos una discusión muy larga.

Él me tomó de la mano.

—Tenemos tiempo, Mariana. Por fin tenemos tiempo.

Y pensé en las palabras con las que Arturo