EL DÍA QUE MI MARIDO DESCUBRIÓ QUE ERA HEREDERO DE UNA FORTUNA, ME CAMBIÓ POR SU PROMETIDA… Y YO LE PEDÍ OTRO HOMBRE

—Pesas menos que uno de tus sacos de arroz.

—¡Eso no es un cumplido!

Se echó a reír.

Era una risa cálida, despreocupada.

No recordaba cuándo había oído reír así a alguien dentro de mi casa.

Aquella noche preparó sopa.

Estaba tan salada que tuve que beber tres vasos de agua.

Lucas probó una cucharada y se quedó inmóvil.

—Creo que he cometido un pequeño error.

Lo miré.

Y empecé a reírme.

Reí tanto que terminé llorando.

Lucas no hizo ninguna pregunta.

Solo colocó un vaso de agua a mi