—Pesas menos que uno de tus sacos de arroz.
—¡Eso no es un cumplido!
Se echó a reír.
Era una risa cálida, despreocupada.
No recordaba cuándo había oído reír así a alguien dentro de mi casa.
Aquella noche preparó sopa.
Estaba tan salada que tuve que beber tres vasos de agua.
Lucas probó una cucharada y se quedó inmóvil.
—Creo que he cometido un pequeño error.
Lo miré.
Y empecé a reírme.
Reí tanto que terminé llorando.
Lucas no hizo ninguna pregunta.
Solo colocó un vaso de agua a mi