eso?
Lucas tardó en contestar.
—Porque cuando abriste la puerta no me preguntaste cuánto dinero tenía. Me preguntaste si sabía trabajar.
Sus ojos se encontraron con los míos.
—Hace mucho que nadie me mira así.
Aparté la vista.
Había pasado tres años viviendo con un hombre cuya verdadera vida desconocía.
No quería repetir la misma historia.
—Lucas, si vas a quedarte, no vuelvas a esconderme algo importante.
Asintió sin discutir.
—Tienes mi palabra.
Y aquella vez decidí creerle.
No porque fuera rico.
Sino porque, al día siguiente, seguía levantándose antes