avanzó hasta quedar frente a mí.
Miró mi vestido sencillo, las flores en mi cabello y el patio lleno de invitados.
—Estás preciosa —dijo.
—Gracias.
Me entregó la caja.
Dentro había un pequeño reloj de pared.
Reconocí el modelo.
Era parecido al que teníamos en casa y que había dejado de funcionar durante nuestro segundo invierno.
—Recuerdo que siempre querías uno nuevo —murmuró.
Sonreí con tristeza.
—Ya lo arreglé.
Ethan bajó los ojos.
—Por supuesto.
Durante unos segundos no dijo nada.
Luego miró hacia el granero, donde Lucas estaba conversando