tomó ambas manos.
—Prometo escucharte, respetarte y no volver a ocultarte quién soy —dijo—. Prometo estar contigo en las buenas cosechas y en las malas.
Sonreí.
—Yo prometo no obligarte a trabajar toda la noche sin dejarte ducharte primero.
Los invitados estallaron en carcajadas.
Lucas se inclinó hacia mí.
—Eso fue una experiencia traumática.
—Pero recogimos muchísimo arroz.
—Y casi me enamoré antes del amanecer.
Lo miré sorprendida.
—¿Casi?
Se acercó a mi oído.
—En realidad, me enamoré cuando te vi defender aquella mesa rota. Tenías miedo, pero no permitiste