EL DÍA QUE MI MARIDO DESCUBRIÓ QUE ERA HEREDERO DE UNA FORTUNA, ME CAMBIÓ POR SU PROMETIDA… Y YO LE PEDÍ OTRO HOMBRE

a nadie.

Ya no era aquella muchacha.

—Sí —respondí—. Soy feliz.

Ethan tragó saliva.

—Entonces me alegro.

Dejó la caja sobre una mesa y retrocedió.

—Espero que te trate bien.

Lo miré a los ojos.

—Yo también lo trato bien a él.

Ethan permaneció quieto un instante.

Después asintió.

Y se marchó.

No hubo gritos.

No hubo una última súplica.

Esta vez su despedida no dejó un vacío en mi pecho.

Solo cerró una puerta que llevaba demasiado tiempo entreabierta.

Cuando llegó el momento de intercambiar los votos, Lucas me