obligar a su esposa a continuar amándolo.
Adrian abandonó el despacho con el documento entre las manos.
Durante años había creído que todo problema tenía una solución si se dedicaban suficientes recursos a resolverlo.
Aquella fue la primera vez que comprendió que el poder no servía para recuperar la confianza.
Al llegar a casa, encontró a Evelyn en la terraza.
—Hablé con tu abogado —confesó.
Ella no pareció sorprendida.
—Lo imaginaba.
—Me explicó que podría discutir la validez del acuerdo.
—Es tu derecho.
Adrian observó su rostro.
No había miedo.