FIRMÓ EL DIVORCIO SIN LEERLO, CREYENDO QUE ERA UN REGALO PARA SU ESPOSA EMBARAZADA… PERO CUANDO DESCUBRIÓ LO QUE HABÍA PERDIDO, YA ERA DEMASIADO TARDE

de nadie.

Ya no necesitaba contar los días que faltaban para ser libre.

Porque finalmente estaba viviendo una vida que le pertenecía.

Y aquel fue el único regalo que nadie podría volver a quitarle.