páginas contenían números, fechas y anotaciones que parecían relacionadas con transferencias de dinero. Sin embargo, al llegar a la mitad, encontré varias referencias a nuestra casa.
Nuestra dirección estaba escrita una y otra vez.
Debajo de ella aparecían cantidades de dinero, fechas de hace años y el nombre completo de mi esposo.
Sentí que el estómago se me encogía.
—¿Qué demonios es esto? —susurré.
En ese instante, escuché el sonido de un automóvil deteniéndose frente a nuestra casa.
Me acerqué a la ventana y aparté ligeramente la cortina. Era el