se volvió más profundo.
Una noche encontré sus zapatillas de ballet guardadas en el fondo del clóset.
Estaban dentro de una bolsa.
Debajo de varias sudaderas.
Me sorprendió.
Camila siempre cuidaba sus zapatillas como si fueran un tesoro.
Las limpiaba.
Las acomodaba.
Y revisaba constantemente que estuvieran en buenas condiciones.
Ahora parecían algo que no quería volver a mirar.
—Hija, ¿por qué guardaste tus zapatillas aquí? —le pregunté.
Camila me las arrebató de las manos.
—Porque sí.
Me quedé sorprendida.
—Sólo preguntaba.
—Pues no tienes que revisar mis cosas.
Se