encerró en su habitación.
Aquella respuesta me dolió.
Nunca habíamos tenido una relación perfecta.
Discutíamos como cualquier madre y su hija adolescente.
Pero Camila siempre había confiado en mí.
Siempre terminaba contándome lo que le preocupaba.
Ahora parecía levantar una pared cada vez que intentaba acercarme.
Poco después llegó un correo de la academia.
Anunciaban las audiciones para la presentación de fin de curso.
Era una oportunidad importante.
Las alumnas seleccionadas podrían participar en una función especial frente a maestros invitados.
Sabía cuánto había esperado Camila algo así.
Fui a