impedirme escuchar las señales de que algo podía estar ocurriendo.
No tenía pruebas.
No sabía qué significaba aquella conversación.
Y precisamente por eso necesitaba averiguarlo.
A la mañana siguiente tomé una decisión.
Pedí salir temprano del trabajo.
No se lo dije a Mauricio.
Tampoco avisé a Julián.
Conduje hasta la academia.
Quería ver a mi hija.
Hablar con su maestra.
Y comprender por qué había dejado de disfrutar aquello que antes amaba.
Llegué cuando las clases ya habían comenzado.
El edificio estaba iluminado.
Se escuchaba música detrás de las puertas.