todo este tiempo?
La maestra asintió.
—Algunos días.
—¿Para qué?
—Para observar las clases. A veces se sienta al fondo del salón. Otras veces prefiere quedarse en la recepción.
Hizo una pausa.
—Pero no ha vuelto a bailar.
Me cubrí la boca.
Mi hija llevaba casi un mes sin practicar.
Casi un mes viviendo con un diagnóstico que podía cambiar su futuro.
Y yo no sabía nada.
—¿Por qué no me llamaron? —pregunté.
La voz me salió más fuerte de lo que pretendía.
Elena bajó la mirada.
—Creímos que usted