estaba enterada. Camila insistió en que ya lo habían hablado en casa.
Respiró profundamente.
—Debimos confirmar directamente con ustedes. Fue un error.
No supe qué responder.
Tenía demasiadas emociones al mismo tiempo.
Miedo.
Tristeza.
Confusión.
Y una culpa que comenzaba a crecer dentro de mí.
Mi hija no estaba escondiendo una relación secreta.
No estaba intentando alejarse de nosotros por alguna razón inexplicable.
Estaba asustada.
Y había estado enfrentando sola una noticia que ningún adolescente debería cargar sin el apoyo de sus padres.
Entonces pensé en Julián.
El hombre del