que había sospechado durante toda la noche.
El hombre que llevaba semanas conduciendo a mi hija a consultas médicas.
El hombre que había estado allí cuando nosotros no respondimos el teléfono.
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
—¿Dónde está Camila ahora?
Elena revisó su teléfono.
—Hoy tenía una cita de seguimiento. Creo que el señor Julián la llevó.
Me quedé inmóvil.
Otra consulta.
Otro día.
Otro secreto.
Salí de la academia con las manos temblando.
Me senté dentro del automóvil.
Y lloré.
Lloré porque mi hija estaba