el valor.
Entonces le pregunté por Julián.
—¿Él sabía todo?
Camila asintió.
—Desde el primer día.
—¿Y por qué no nos dijo nada?
Mi hija bajó la mirada.
—Porque yo se lo pedí.
Respiró profundamente.
—Le rogué que no les contara hasta que yo estuviera lista.
Mauricio se quedó inmóvil.
—Camila, algo así no podía mantenerse en secreto.
Ella comenzó a llorar otra vez.
—Lo sé.
Después explicó que Julián había insistido durante semanas en que debía hablar con nosotros.
Cada vez que la llevaba a una consulta le preguntaba