miedo de perder nuestra aprobación.
Por la idea equivocada de que nuestro orgullo dependía de sus logros.
Y por creer que tenía que protegernos incluso cuando ella era quien más necesitaba ayuda.
Después de escucharla, Mauricio se cubrió el rostro.
Permaneció así durante varios segundos.
Finalmente dijo:
—Yo pensé que sólo estabas de mal humor.
Camila lo miró.
—Papá…
Él negó lentamente.
—Tu mamá me dijo muchas veces que algo estaba mal. Y yo le respondía que eran cosas de la edad.
Se limpió los ojos.
—Debí escucharte mejor, hija.