Camila se acercó.
Lo abrazó.
—No fue tu culpa.
Pero Mauricio negó.
—Debimos estar más atentos. Y tú nunca debiste sentir que tenías que enfrentar esto sola.
Aquella noche hablamos durante horas.
Revisamos los documentos médicos.
Anotamos las próximas consultas.
Acordamos comunicarnos directamente con los especialistas.
Y le prometimos a Camila que nunca volvería a tener que ocultarnos una noticia por miedo a decepcionarnos.
También comprendimos que necesitábamos hablar con Julián.
Lo llamé esa misma noche.
Le pedí que viniera a casa.
Su respuesta fue inmediata.
—Voy para allá.
Llegó