cerca, tu expresión cambió.
Respiré profundamente.
—Me asusté muchísimo.
Julián permaneció callado.
—Y comencé a imaginar que estabas involucrado en algo que le estaba haciendo daño.
Las lágrimas comenzaron a correrme por las mejillas.
—Lo siento.
Él bajó la cabeza.
Durante varios segundos no dijo nada.
Después respondió:
—Verónica, entiendo que tuvieras miedo.
Lo miré.
—Pero no debí sacar conclusiones sin saber lo que estaba pasando.
Julián suspiró.
—Tampoco yo manejé bien esto.
Camila levantó la cabeza.
—Tío…
Él le sonrió con tristeza.
—No, chaparra. Déjame decirlo.
Después nos miró