EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA KARACONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.

Y, cuando se sintiera preparada, compartir sus conocimientos con las alumnas más pequeñas.

Camila escuchó la propuesta en silencio.

Después me miró.

—¿Crees que podría hacerlo?

Sonreí.

—Creo que sería maravilloso.

—Pero no estaría bailando.

—No como antes.

Le acaricié el cabello.

—Pero seguirías cerca de algo que amas.

Camila pensó durante varios días.

Finalmente aceptó.

La primera vez que regresó a la academia como ayudante estaba nerviosa.

Llevaba una libreta.

Una botella de agua.

Y una bolsa pequeña con materiales para las niñas.

Yo la acompañé.

Cuando entramos al